Por Norma Loto - Agencia SemMéxico. Buenos Aires. 27 de marzo de 2017.- Mucho se ha dicho y poco se ha comprobado, acerca de los relatos mediáticos de feminicidios y sus efectos en las audiencias. Dos derroteros se abren en una discusión que no está exenta de controversias. Por un lado, hay quienes consideran aventurado aceptar un efecto de imitación; y por el otro están quienes sostienen que las narrativas de modus operandi pueden llevar a un efecto de copia.

Desde hace décadas que los audience reception research vienen indagando sobre el modo en que decodifican las audiencias ciertos relatos. Lo único cierto es que ningún efecto de los medios es lineal, que las audiencias no son una masa uniforme y que los medios refuerzan idearios.

Sin embargo, sería benéfico mirar en dos sentidos complementarios y analizar lo que los medios y sus construcciones hacen con la gente y lo que la gente hace con las narrativas mediáticas.

Sin datos empíricos ninguna teoría es prudente. En un análisis denominado; Cobertura Mediática del Femicidio y Eventuales Consecuencias de Patsilí Toledo y Claudia Lagos Lira, sostienen que “es difícil establecer de manera concluyente la magnitud de sus efectos o cómo inciden en los medios en relación con otros factores, tampoco es posible desconocer que tienen un impacto”

Por su parte el filósofo español, José Sanmartín Espluges en su trabajo: Cuestiones que no conviene olvidar al informar sobre violencia contra la mujer, refiere que “como tantos otros aspectos, tampoco ha habido un estudio científico sobre imitación entre feminicidas. (…) tendremos que conformarnos con intuiciones. Y una de ellas viene motivada por el hecho de que las formas de asesinar a las mujeres suelen presentar agrupaciones temporales, es decir a un apuñalamiento suelen seguir otros, a un intento (o logro) de quemar a la víctima le suceden otros intentos (o logros) de lo mismo, a un intento (o logro) de tirar a la mujer por el balcón siguen otros intentos (o logros) de lo mismo”

La doctora en Derecho Penal y Criminología, Isabel Marzabal, para su tesis doctoral hizo un gran aporte. Ella, realizó un análisis de 30 casos de asesinatos sentenciados por la Audiencia de Barcelona (2006-2011) y comprobó que la probabilidad de un asesinato es 12 veces más elevada si han aparecido noticias de feminicidios en un intervalo de cuatro días y la probabilidad 24 veces más alta si esas noticias han aparecido en los 10 días anteriores”. Marzabal concluyó en que sí existe una imitación y un refuerzo de la idea de matar que ronda en la mente del asesino.

Pasaran años para llegar a un puerto firme donde todas las respuestas estén libres de discusión. Entonces, mientras se buscan certezas no es posible transigir en ninguna postura.

Queda claro que: las audiencias no actúan como el perro de Pavlov, que la decodificación de los mensajes son variadas y que los framing de las noticias están pensados para el impacto. Ergo, la maquinaria de medios piensan sus productos para crear efectos.

La violencia contra las mujeres es el resultado de una construcción socio cultural que se naturalizó por siglos de los siglos, pero los medios –como actores socio-culturales- han sido cómplice. Por último, es óptimo recordar que gracias a los medios (y antes al feminismo) la violencia machista dejó de ser percibida como temas de la intimidad para ser tratada como un problema de la sociedad.

Mientras no haya certezas, será bueno referir a la co-responsabilidad de los medios, porque sus relatos han sido útiles para concientizar a las audiencias sobre la violencia machista como un flagelo social, y a la vez son parte de una maquinaria que refuerzan conductas violentas.

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